La vida está llena de sorpresas, imprevistos y emergencias, por eso ponemos a tu disposición este programa; porque queremos que estés preparado ante cualquier situación y disfrutes cada momento.
En MetLife sabemos la importancia que tiene el cuidado de tus seres queridos, por ello te ofrecemos Ideas de Vida, un programa orientado a la difusión de información acerca de momentos claves de la vida.
La adolescencia es una etapa de la vida como cualquier otra, en la que necesitamos de los demás, y especialmente de nuestra familia, para seguir adelante.
Es un problema tan antiguo como el hombre y en general relacionamos esta afección con el consumo inmoderado de alcohol o drogas.
Recién nacidos
Los primeros años de vida de tu bebé son un periodo extraordinario, meses llenos de increíbles cambios y logros gratificantes.
Debido a que los bebés evolucionan tan rápidamente, cada etapa de su desarrollo implica cuidados especiales.
Etapas del desarrollo de tu bebé
Del nacimiento a los tres meses
Durante mucho tiempo se creyó que los recién nacidos eran seres pasivos que no hacían más que comer, dormir y llorar. Hoy sabemos que los bebés están muy conscientes y alertas ante el mundo que les rodea, responden a la estimulación sensorial y les gusta mirar los rostros humanos.
De cuatro a seis meses
Entre los cuatro y seis meses de edad, al mejorar su visión, los bebés se fascinan con sus propias manos. En esta etapa, pueden moverse hacia objetos que llaman su atención. Además, empiezan a producir una gran cantidad de sonidos.
Para motivar el desarrollo del lenguaje es recomendable jugar con los bebés respondiéndoles con sonidos. Al mejorar su habilidad motriz, tu bebé se interesará cada vez más en el mundo fuera de su cuna. Podrá pasar objetos de una mano a otra y relacionar un juguete con el sonido que hace. La mayoría de los bebés se maravillan con sus pies y tratan de llevarlos a la boca, al igual que casi todo lo que encuentran. Una sugerencia: gatea en tu casa y encuentra los peligros antes de que tu bebé lo haga.
De siete a doce meses
Es el inicio de una etapa de mucha actividad en la que los bebés empiezan a perfeccionar sus habilidades motoras. Con frecuencia pueden sentarse sin ayuda e intentan llevarse a la boca alimentos con las manos.
Aprenderán a usar sus manos para tomar objetos y arrojarlos; pronto te darás cuenta de que aventar lo que tenga desde una silla alta es uno de los pasatiempos favoritos de tu pequeño. Empiezan a ponerse de pie, sentarse y caminar sin caerse. A mayores capacidades, mayores desafíos. Los niños están naturalmente ansiosos por aprender y necesitan experimentar su nuevo mundo sin el constante recordatorio de los padres diciendo: "no toques" o "no hagas". Lo más adecuado para el cuidado de los niños es mantener un ambiente positivo y seguro que permita su crecimiento y aprendizaje.
Las etapas de pruebas
De uno a dos años
A partir de ahora tu bebé comienza a usar el lenguaje. Puede imitar palabras y nombrar algunos objetos. Es importante premiar y motivar estos intentos de comunicación e involucrarlo en conversaciones.
De dos a tres años
A partir del segundo año inicia una nueva etapa; sigue siendo un bebé pero ahora tiene nuevos retos y enfrenta más peligros. La atención que le brindes deberá ser más completa, no puedes distraerte mientras él avanza para descubrir el mundo que le rodea. Empezará a interactuar con todos los miembros de la familia y cada suceso en su vida le dejará nuevos aprendizajes.
De tres a cinco años
Entre tres y cinco años de edad, logra una mayor concentración en sus juegos y conversaciones; su desarrollo psicomotor es más completo y evidente. La ampliación del lenguaje es sumamente importante: ya no sólo se comunica con nombres de cosas o personas, sino que puede sostener una plática, para él muy interesante; debemos prestar toda la atención posible a esta comunicación, ya que brinda la oportunidad de palpar el desarrollo del que era un bebé y se ha convertido en un niño.
Durante estos primeros años, la atención y los cuidados de los padres son fundamentales para el sano crecimiento y desarrollo de los bebés.
Adolescentes
La adolescencia es una etapa de la vida como cualquiera otra, en la que necesitamos de los demás, y especialmente de nuestra familia, para seguir adelante.
Cambios físicos durante la adolescencia
Los cambios físicos marcan uno de los aspectos importantes de la adolescencia. Empiezan a presentarse entre los 10 y los 15 años dependiendo de cada persona. Normalmente en las mujeres se presenta dos años antes que en los varones. Entre los 10 y los 13 años la mayoría de las niñas sufren cambios físicos que se traducen en el crecimiento del busto y del vello en las axilas y el pubis. A los niños les cambia la voz y el vello les crece, además de en las axilas y el pubis, en la cara y en algunos casos, en el pecho y hasta en la espalda.
Durante la adolescencia se da el último ´estirón´ del crecimiento, que en algunos casos ocurre tan rápido, que los jóvenes se vuelven torpes, no controlan sus movimientos y suelen ser rechazados en los deportes de conjunto. Además, un porcentaje importante de los adolescentes sufre problemas de acné que los hace sentir inconformes con su apariencia. En esta etapa, es fundamental el reconocimiento a lo que siguen haciendo bien, a pesar de los cambios físicos (aptitudes artísticas, aprovechamiento escolar, actividades filantrópicas, etc.).
Cambios emocionales
Los cambios emocionales que son tanto o más importantes que los físicos, no necesariamente ocurren durante el mismo lapso. Algunas personas los experimentan antes de que se manifiesten las transformaciones físicas y a otras les llega con un fuerte retraso y se prolongan hasta poco después de los 20.
Buena parte de los adolescentes son retraídos, rechazan la compañía de los adultos, y cuando sus padres les preguntan a qué se debe su malestar, llegan a confesar que ni ellos mismos lo saben. En esta etapa de su vida los jóvenes tienden a convertir en problemas su supuesta mala apariencia física, su torpeza para practicar deportes, derivada de los cambios físicos que sufren y en algunos casos, su dificultad para relacionarse con jóvenes del sexo opuesto.
El adolescente tiende a magnificar sus defectos y a menospreciar sus cualidades, habilidades y destrezas. Es importante para afianzar su autoestima otorgarle reconocimiento en actividades donde destaque y estar siempre dispuestos a ayudarle a superar las actividades que se le dificultan. Si necesita clases extra de matemáticas, historia o inglés, debes procurar que las tome. Si tiene dificultad para aprender a bailar, le ayudará mucho organizar sesiones con primos o amigos, o bien participar en clases. Siempre habrá algún deporte en el que destaque. Procúrale esta actividad.
El espacio del adolescente
Nadie nos enseña a ser padres, y si bien los primeros años son muy difíciles por la fragilidad de los niños, cuando vemos que han crecido fuertes llega este otro momento de gran fragilidad; más emocional que física, pero que requiere que pongas tus cinco sentidos en tus hijos aunque por momentos el lidiar con ellos te parezca imposible, tal como ocurrió cuando llegaron al mundo. Para hacerlo más complejo, esta atención tan delicada debe darse casi contra su voluntad. En esta etapa, es fundamental establecer los límites a los que debe ajustarse el joven para que no se sienta frustrado cuando le exijas un comportamiento que no habías acordado con él previamente. Debe saber perfectamente cuál es la hora a la que puede llegar después de haber ido a una fiesta, los lugares que puede frecuentar, las actividades y amistades que sus padres aceptan.
Está comprobado que la definición de límites es algo que los hace sentir más cómodos, pues les guste o no, saben a qué atenerse. Otro aspecto importante para la libertad es asignarle al adolescente una cantidad semanal o quincenal para sus gastos y educarlo para que se ajuste a ésta y ahorre para afrontar gastos imprevistos.
El entorno
Un aspecto fundamental durante esta etapa son las amistades del adolescente, pues en su afán por romper el cordón umbilical que lo liga a su familia, pasará buena parte del día con sus amigos, y tenderá a imitar su comportamiento.
De nuevo, sin afectar su independencia, debes pedirle con firmeza, desde un principio, que te avise dónde va y con quién va. Aún cuando reniegue de hacerlo, a final de cuentas sentirá que te preocupa, y al menos por eso aceptará reportarse y dar cuenta de sus actividades.
Existen ambientes que, sin lugar a dudas no es conveniente que frecuente. Seguramente no todos los jóvenes que asisten a cualquier reunión se drogan, pero el entorno es de grave riesgo para cualquier adolescente proclive a imitar el comportamiento de otros jóvenes.
Lo ideal es que se relacione con jóvenes que tengan una educación y una escala de valores similares a los que tú le has inculcado.
El modelo a seguir
Aun cuando, tarde o temprano, los hijos seguirán los valores que se les inculcaron en la familia, tienden a reñir con sus padres para afirmar su individualidad. Sin permitir que incurran en falta de respeto, es necesario dejar que planteen sus diferencias, escuchar con atención sus argumentos y, en caso de que tengan razón, aceptarlo.
Aunque una de las características de la adolescencia es que los jóvenes rechazan el mundo de los adultos, es indispensable que tengan presente que cuentan con sus padres. Para ello, hay que hacérselos sentir con tacto, pero sin que quede lugar a dudas. Los adolescentes terminarán imitando diversas conductas, positivas y negativas de sus padres. Es muy importante que te vean leer, practicar deportes, interesarte por actividades culturales y participar en acciones filantrópicas. Por otra parte, será difícil que los adolescentes acepten mantenerse alejados del tabaco y el alcohol si sus padres tienen estos hábitos; y más aún si no les haces ver que son nocivos para la salud. En esta etapa de la vida de tus hijos, aborrecerás el teléfono o más bien su afición a pasarse buena parte del día hablando por teléfono. Sin embargo, será también uno de tus mejores aliados. El celular permite que los padres puedan tener contacto casi permanente con sus hijos, con la única excepción de algunas fiestas ruidosas en las que no escuchan el timbre.
Otro medio recurrente de comunicación entre los jóvenes es la computadora. A través del correo electrónico, mantienen contacto con personas de todo el mundo. Es importante que fijes límites a lo que tus hijos puedan ver en la computadora, pues por esta vía tienen acceso a peligros como la pornografía y el riesgo de entrar en contacto con pederastas y malas influencias.
Los riesgos de la edad
Aun cuando la adolescencia es una etapa difícil en la vida de la mayoría de las personas, todos pasamos por ella sin que nos hayan quedado secuelas graves. Tus hijos también están equipados para ello. Con información suficiente, armados de paciencia de santos, una gran atención a lo que tus adolescentes piden (explícita o tácitamente) y disposición para escucharlos en todo lo que tienen que decir, podrás ayudar a tus hijos a superar esta etapa y lograr que en ella establezcan las bases para su desarrollo. La tarea es compleja, pero cuando los veas convertidos en hombres o mujeres de bien, tu satisfacción será enorme.
Pérdidas familiares
La pérdida de un ser querido es uno de los acontecimientos más estresantes de la vida que puede producir crisis emocionales importantes. Tras ella, pasarás por diversas etapas, una de ellas es el duelo.
La pérdida de un ser querido
Cuando sufres por la pérdida de un ser querido, puedes sentir una amplia gama de emociones, incluso cuando la muerte se esperaba. Muchas personas dicen experimentar una etapa inicial de entumecimiento emocional tras conocer la noticia de la muerte, pero no existe un orden dado en el proceso del duelo. Algunas emociones que una persona puede sentir son las siguientes: Negación, incredulidad, confusión, tristeza, añoranza, rabia, humillación, desesperación y/o culpa.
El duelo no es un proceso sencillo, es adentrarnos en nuestro dolor, en nuestra pérdida, en esa herida a veces tan profunda que literalmente nos duele el corazón; por ello es que necesitamos de la ayuda profesional de un tanatólogo para llegar a aceptar el pasado como fue y estar dispuestos a vivir el presente y planear el futuro sin esa persona.
Las cuatro tareas para el duelo
Las tareas para el duelo son un reflejo de las cuatro tareas para la vida y la muerte:
Aceptar la realidad de la muerte
No es posible terminar un duelo que nunca empezó. Primero debemos aceptar el hecho de que se produjo la muerte. Para esto es recomendable ver el cuerpo del ser querido, ya sea en casa o en hospital, esto ayudará a aceptar y familiarizarnos con la realidad de la pérdida.
Podemos estar un tiempo a solas con el cuerpo del difunto, que nos permita comunicar lo que quedó pendiente, decir nuestro adiós y empezar a ofrecer una práctica espiritual por él.
Sanar y concluir la relación
Tras una muerte, sea repentina o esperada, surge el reto de comunicar todas las emociones conflictivas, las frustraciones y los remordimientos que no hemos expresado. Y si no habíamos concluido la relación y no nos habíamos despedido, tendremos que hacerlo también.
Aliviar el dolor emocional y dejar ir
Para atrevernos a llorar, muchas veces, necesitamos el apoyo de aquellos que pueden comprender los diferentes niveles de sufrimiento y de dolor emocional que podemos sentir. En el núcleo mismo de la familia, a veces, no es posible encontrar ese apoyo que se necesita, ya que cada miembro de la familia está en medio de su propia crisis.
Necesitamos buscar el apoyo apropiado fuera de la familia; con un especialista (tanatólogo) o en un grupo de apoyo donde no teman escuchar nuestros recuerdos y pensamientos, o compartir nuestro dolor.
Encontrarle sentido a nuestra nueva vida
Al dejar ir a alguien que queremos mucho, todos nosotros nos enfrentamos a llorar y desprendernos del pasado para poder dar forma a la nueva vida. En el duelo, tendremos que desprendernos finalmente de nuestro apego a la persona que se ha ido, pero podemos conservar nuestro amor por ella.
¿Cómo apoyar a alguien que ha perdido un ser querido?
Lo que ayuda a alguien en duelo es nuestra amistad y nuestra presencia, que estemos en su dolor, incluso si no le podemos decir o hacer nada que le alivie.
Si quieres acompañar a un familiar o amigo que ha perdido un ser querido, y no sabes cómo hacerlo, te proponemos una serie de indicaciones sobre la mejor manera de ayudarle.
Evita las frases hechas
La incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para nada: "Tienes que olvidar", "Mejor así, dejó de sufrir", "El tiempo todo lo cura", "Mantente fuerte por los niños", "es la voluntad de Dios", "Es ley de vida"? Lo que más necesitan al principio es hablar y llorar. No decirle que tiene que sobreponerse, ya lo hará a su tiempo. Si no sabes qué decir, no digas nada. Escucha, estate presente, sin pensar que tienes que dar consejos constantemente o estar levantando el ánimo. Si no sabes qué hacer, colaborar en algunas tareas cotidianas o ayudar en el papeleo, puede ser una buena manera de ayudarle.
Ten en cuenta que las actitudes no ayudan
No le digas que le comprendes si no has pasado por una situación similar. No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido. No te empeñes en animarle o tranquilizarle. Posiblemente lo que necesita sólo es que le escuches. No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda. No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida, no es el momento.
Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia y el miedo por la muerte de un ser querido, es el único camino que existe para cerrar y curar la herida. Estás equivocado si piensas que dejarle llorar y emocionarse, no sirve más que para añadir más dolor al dolor. Estas equivocado si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerle de su dolor. Mediante la vivencia y expresión de los sentimientos, la persona en duelo se siente aliviada y liberada. A veces, podemos cortar las emociones del otro para protegernos de las nuestras. No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si llora, no tienes que decir o hacer nada especial, lo que más necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y afecto.
No temas llorar o emocionarte. No hay nada malo en mostrar tu pena, en mostrar que a ti también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu amigo o familiar en esa situación.
Permite que la persona afectada hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite. Una pareja de padres expresaba su pesar con estas palabras: "Los parientes y los amigos rehúyen hablar o pronunciar el nombre de nuestra hija, desviando la conversación hacia cualquier otro tema. Tal vez tengan miedo de alterarnos o hacernos llorar. Pero, ¿qué pretenden, que la olvidemos o que no lloremos más?" Comparte con tu familiar o amigo recuerdos de la persona fallecida (ver fotos, contar anécdotas...). Aunque también es muy importante respetar su necesidad de no hablar.
¿Cómo hablarle a los niños sobre la muerte de un ser querido?
Al crecer y desarrollarse los niños se encuentran con la muerte de muchas formas (un animal muerto en la carretera, por las noticias, al perder una mascota, por la muerte de un abuelo), lo que nos brinda oportunidades para ayudarles a entender que la muerte es algo natural en la vida. A los niños les hacemos un favor inestimable si les ayudamos a entender la muerte y les damos permiso, desde que son muy pequeños, para llorar una pérdida. De hacerlo así, cuando algún familiar se encuentre compadeciendo, los hijos no sentirán la muerte como algo innatural.
La mayoría de los niños temen más a ser abandonados que a la muerte. Cuando se sienten parte de una familia que se quiere y se apoya, que comparte tanto la risa como las lágrimas, entonces la muerte no les provocará grandes temores.
Cuando alguien de la familia se enfrenta a la muerte, los niños se percatan de los cambios y de la intensidad emocional que hay en el ambiente. Necesitaremos dedicarles tiempo, sentarnos con ellos y explicarles qué significa morirse y qué es la muerte, pero de acuerdo con su capacidad para que puedan entenderlo.
Los niños necesitan sentirse seguros para hacer preguntas, expresar una y otra vez sus sentimientos y temores. Por muy claras que sean las explicaciones que les demos, hay posibilidad de que nos malinterpreten, tenemos que comprobar que han entendido lo que queremos comunicarles y para hacerlo podemos pedirles que repitan lo que han escuchado. Cuando un niño parece estar atemorizado o afligido, deberemos preguntarle siempre qué es lo que piensa o siente, y nunca asumir que sus dificultades son las mismas que las nuestras.
Los niños cuando experimentan una pena, necesitan nuestra comprensión y nuestra aceptación. Es importante que tengamos presente que sus sentimientos pueden ser diferentes de los nuestros y que además de la tristeza y las lágrimas, experimentan y expresan su pena de otros modos. Sus reacciones ante la muerte y el duelo variarán en función de su edad y de lo expuestos que hayan estado a la muerte.
Ayuda profesional y grupos de apoyo
Cuando enfrentamos la pérdida de un ser querido nos sentimos perdidos, aislados, nadie nos comprende y no sabemos qué hacer con ese dolor tan profundo que nos acompaña día y noche. Nos hacemos preguntas y no obtenemos respuestas, a veces nuestros familiares no saben qué hacer para ayudarnos, ¿Quién me puede entender?
Nos invade el silencio y es ese silencio el que nos lleva a recordar esos momentos que compartimos con ese ser querido que ya no está con nosotros, se nos llenan los ojos de lagrimas pero tememos derramarlas porque sentimos que son muchas y las escondemos nuevamente ante nuestros familiares para no preocuparlos, lloramos en silencio y nuevamente nos invade el silencio interno.
¿Es exclusivamente mío este sufrimiento? Mi mundo se ha detenido, el dolor continúa. ¿Qué puedo hacer con este dolor que día a día me ahoga? Estas y otras preguntas son las que nos llevan a buscar apoyo; pero, ¿a quién?, ¿habrá alguien que esté sintiendo lo mismo que yo? Con este objetivo fueron creados los grupos de apoyo para personas que han perdido a un ser querido, donde se les proporciona a los participantes el espacio que necesitan para poder expresar lo que les pasa y verbalizar sus emociones sin sentirse juzgadas ni evaluadas; se les brinda la oportunidad de hablar acerca de sus vivencias y sentimientos ante otras personas que comparten la misma problemática, que las escuchan y además las entienden. Compartiendo ese dolor tan inmenso que las invade.
Todos hemos atravesado por momentos dolorosos, pero es justo en esos momentos cuando una mano amiga hace la diferencia.
Adicciones en la Familia
Aún cuando identificamos a las adicciones como un mal de nuestro tiempo, y en general relacionamos esta afección con el consumo inmoderado de alcohol o drogas, se trata de un problema casi tan antiguo como el hombre.
Algunos científicos describen a la adicción como una enfermedad primaria (con frecuencia progresiva y eventualmente mortal) que afecta al cerebro y está constituida por un conjunto de signos y síntomas característicos. Es una afección en la que intervienen múltiples factores biológicos, genéticos, psicológicos, y sociales, que es provocada fundamentalmente por la presencia de cambios químicos en el cerebro y que existe predisposición biogenética a desarrollar esta enfermedad.
¿Cómo identificar una adicción?
Aunque la manifestación clínica de la adicción depende de la personalidad de cada individuo, de acuerdo con los especialistas, ésta puede detectarse cuando quien la padece ha establecido dependencia hacia alguna sustancia o conducta. Generalmente presenta un conjunto de signos y síntomas específicos, que se pueden presentar juntos o de manera selectiva, y con distinta intensidad.
Estas señales se traducen en que el enfermo muestra compulsión al consumir la sustancia de la que depende o al seguir la conducta a la que es adicto. Además, invierte en eso mucho tiempo y energía, lo que le provoca problemas en el trabajo, con su familia y con el resto de la sociedad. A pesar de que es evidente esta situación, esta persona niega el deterioro que la adicción ha provocado en su vida, relaciona el consumo de sustancias o las desviaciones en su conducta con momentos de euforia, y procura por todos los medios a su alcance experimentar esta sensación.
Quien es presa de este mal, sigue un patrón de conducta que lo mantiene cerca de su adicción, así como de personas, lugares y situaciones relacionados con ésta, que le producen sensaciones satisfactorias, o cuando menos le permiten evocar momentos de euforia y hacer a un lado los problemas que la propia adicción le provocan. Esta conducta es evidente para los que observan de cerca la actitud del adicto, pero no para él, pues la propia enfermedad lo lleva a justificarse.
Mitos y creencias sobre la adicción
Los factores de personalidad tienen un peso dentro del desarrollo de la adicción. La baja autoestima y la intolerancia a la frustración, por ejemplo, contribuyen a la aparición de un cuadro de este tipo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con los factores genéticos y los desórdenes de la química cerebral, no existen pruebas concluyentes de que este tipo de desórdenes se traduzcan en el desarrollo de adicciones.
Uno de los mayores problemas para el estudio y el tratamiento de este mal tan difundido en la actualidad es la creencia de que quien lo padece (especialmente si el adicto lo es al alcohol o las drogas) es una persona viciosa, inmoral, incapaz de controlar sus emociones e instintos y digna de desprecio o rechazo, cuando es precisamente a través de la comprensión y el apoyo de quienes lo rodean como puede encontrar la fuerza necesaria para su recuperación. Y aunque se entiende que quienes sufren los efectos de la adicción en el comportamiento de su ser querido (porque los afecta o por ver cómo se destruye esta persona) muestren rechazo hacia esta condición, es precisamente el comportamiento alterado del adicto, el que hace evidente la presencia de la enfermedad.
No está de más tomar precauciones
Es muy frecuente que quienes adquieren una adicción lo hacen en el transcurso de la adolescencia. Durante esta etapa de la vida, caracterizada por los abruptos cambios que provoca el desarrollo físico y emocional, los jóvenes experimentan periodos de depresión durante los cuales, en caso de tener acceso a drogas y experimentar su uso como parte de un patrón de comportamiento seguido por el grupo al que pertenecen, pueden adquirir una adicción; más aún, sí, como vimos anteriormente, su organismo tiene una predisposición genética para desarrollar esta enfermedad.
Por ello, es muy importante que como padre de familia estés especialmente pendiente de tus hijos durante esta etapa, que hables con ellos sobre el tema, que dejes en claro que la adicción es una enfermedad, pero que puede prevenirse si el adicto en potencia se mantiene alejado de factores de riesgo, como el consumo de alcohol y drogas y que en el peor de los casos, puede tratarse.
¿Cómo evoluciona una adicción?
La adicción es un proceso paulatino. Al principio, el uso de una sustancia determinada o la práctica de una conducta pueden pasar inadvertidos e incluso no ser adictivos de inmediato. Sin embargo, si la persona progresivamente aumenta la frecuencia (y la dosis) con que se utiliza una sustancia o se sigue una conducta hasta provocar primero habituación y posteriormente abuso continuo, al permitirse el consumo de alcohol, drogas y otras sustancias en forma inmoderada y sistemática, o bien adopta un comportamiento anormal, estará sumida en un problema de adicción.
Adicciones peores que las drogas
No sólo el consumo de sustancias como el alcohol y las drogas pueden tener efectos desastrosos en una persona. Los trastornos en la alimentación también son fuente de graves problemas entre los adolescentes; específicamente la anorexia nerviosa y la bulimia, las cuales atacan principalmente a las adolescentes que, debido a la inseguridad que caracteriza a este periodo de cambio, y a la imposición de un patrón estético en el que se exalta como virtud la delgadez extrema, se sienten insatisfechas con su apariencia física y se someten a prolongados ayunos que provocan graves daños en su salud como anemia, infertilidad, entre otros.
Quienes padecen bulimia ingieren alimentos, pero una vez que lo han hecho, se provocan el vómito para no "engordar". Este trastorno puede llegar a causar daños irreversibles en el aparato digestivo de quienes lo sufren. Otros trastornos en la conducta que se convierten en problemas son la adicción al sexo, a los juegos de azar, a la televisión y al Internet. En síntesis, cualquier situación en la que perdamos el control sobre nuestros actos y nos dejemos llevar por estímulos químicos y psicológicos, representa una adicción que debe combatirse para que la persona recupere la normalidad.
Señales de alarma
Tanto en el caso de la adicción a sustancias como en los de los trastornos conductuales, existen señales de alarma que los padres, familiares u otros seres queridos pueden detectar. En el caso de las drogas, quienes son víctimas de alguna adicción suelen hablar sobre el tema justificando el consumo de determinadas sustancias, sufren cambios importantes en su conducta, entre los que destaca el desinterés; o bien, adquieren objetos que se utilizan para llevarlo a efecto el consumo de drogas, como el papel arroz y las pipas, en el caso de la marihuana, las navajas y otros objetos punzantes en el de la cocaína; las jeringas hipodérmicas, en el de la heroína, etcétera. Cuando una persona, de cualquier edad es víctima de una adicción, la detección temprana de esta enfermedad puede resultar invaluable para que la supere a través del tratamiento adecuado.
Materia de especialista
Las adicciones, que se han convertido en uno de los mayores problemas de salud en la actualidad, son un mal tan extendido, que existe ya una especialidad médica dedicada a atender a los enfermos y a sus familias. El tratamiento de esta disfunción comprende tanto la atención de la salud del adicto como la ayuda profesional para que comprenda la necesidad que tiene de recuperarse y para superar el estigma social que pesa sobre él.
Dado que cada persona es diferente y reacciona en forma diversa ante el consumo de sustancias o la adopción de conductas adictivas, el tratamiento que recibe debe ser individualizado y determinado por el especialista con base en un estudio a profundidad de su historia personal.
Programas Públicos y Privados
Actualmente existen diversas alternativas para el tratamiento de las adicciones que van desde los llamados grupos de autoayuda, en los que una comunidad de adictos se brinda apoyo mutuo para superar su problema (Alcohólicos Anónimos, Comedores Compulsivos, etc.), hasta los que ofrecen instituciones públicas, privadas y del sector social.
El Sector Salud del Gobierno Federal, a través del Consejo Nacional contra las Adicciones (CONADIC), tiene programas específicos de lucha contra la drogadicción, el alcoholismo y el tabaquismo.